La era del entretenimiento

Fecha: 22/07/2011
Por: Adriana Amado


En esta entrevista con plazademayo.com, Omar Rincón aporta algunas claves de lectura para entender el panorama mediático y cultural latinoamericano: "La cultura política latinoamericana está hecha más de religión, de telenovela y de fútbol que de ideologías y de partidos políticos"


Omar Rincón es un intelectual de los mejores de estos días. Pero es un intelectual a contrapelo. Contrariamente a los que hacen sus colegas prefiere definirse como un comentarista de actualidades más que un analista, un ensayista más que un investigador. Así reniega de títulos pomposos, de la apariencia reconcentrada y de la mirada amargada con que los intelectuales suelen analizar los medios de comunicación y la sociedad, y en esa reinvención trae un saludable aire fresco para pensar un campo que se ha puesto un poco denso en Latinoamérica. Inspirado en la telenovela explica la política; escuchando Calle 13 propone una explicación de la protesta social; intrigado por el éxito de El Chavo del 8 busca preguntas para describir nuestras sociedades. Eso sí, no lo busquen en las redes sociales, porque por ahora prefiere dedicar su tiempo y energía a observarnos más que a expresarse él mismo. Justo él que nos explica desde esta nueva "sociedad expresiva de masas" a la que pertenecemos. Conocí a Omar hace un par de años a raíz de una actividad académica que organizaba (es profesor en la prestigiosa Universidad de los Andes, en Bogotá) y luego comprobé su intenso compromiso con las problemáticas latinoamericanas desde su gestión en el Centro de Competencia en Comunicación de la Fundación Friedrich Ebert. Después, las periódicas convocatorias a cursos y asesorías en Argentina me permitieron constatar su generosidad para compartir ideas y su predisposición a ayudarnos a entender mejor esto que pasa con los medios, especialmente la televisión, y la sociedad. Como se ve en esta entrevista.

AA: Me quedé con una frase que mencionaste en una charla que tuvimos otra vez que me encantó: vos decís que, en un momento, se subvirtió el orden y a la escuela se le pidió ser entretenida y a la televisión, que se dedicara a educar ¿Cuándo pasó eso?

OR: Pues yo no sé cuándo exactamente paso. Pero lo que sí paso es que el entretenimiento se convirtió en el macro discurso contemporáneo. Ahora todos tenemos que ser divertidos: uno tiene que ser papá divertido, amante divertido, político divertido, o sea, como que el entretenimiento es el principio de buen gusto. Entonces, cuando comienza a pasar eso, vamos a buscar donde están las claves del entretenimiento para ver cómo es que uno es divertido. Cuando vamos a buscar las claves del entretenimiento encontramos que el gran aparato que pone en énfasis el entretenimiento es la televisión y aparte de la televisión, el mundo del espectáculo y el mundo, digamos, construido en Estados Unidos, es decir, sería como una versión norteamericana del mundo. A partir de eso comienzan a aparecer los feligreses de ambos bandos. Los que defienden el entretenimiento y los que lo atacan por imperialista o por mal gusto o por baja pasión. Hasta ahí, todo era normal, porque la televisión ya había fracasado como medio educativo, estaba medio fracasando como medio informativo, porque nos había demostrado que no servía para informar.

En ese momento también hay una crisis en la escuela. La escuela no estaba sirviendo básicamente porque la escuela no estaba formando a la gente en los saberes básicos para ser competente en la vida cotidiana. A los niños y a nosotros nos gusta ir a la escuela, al colegio o la universidad, pero lo que no nos gusta es entrar a clase. La hora del recreo es buenísima porque uno conoce amigos, tiene rituales de iniciación maravillosos, de drogas, de amistad, de política, de sexo, de una cantidad de cosas. Eso es lo que hace agradable a la escuela. Pero entonces, los teóricos dijeron que no, que lo que pasaba era que los maestros eran aburridos y entonces comenzaron a tratar de que se volvieran maestros divertidos. Tanto que ahora en Ecuador, escuché una idea que me pareció maravillosa, que una profesora dueña de una universidad dijo que ella escogía maestros integradores. Y entonces le dije: "¿Qué es un maestro integrador?" "Que prefiero que sea divertido a que sepa". Entonces yo dije: "¡ya estamos mal!". Estamos re mal porque se trata de lo contrario. Y creo que el problema fue exactamente eso. Porque los grandes maestros no son los que hacen reír sino los que hacen pensar y el pensar también es afectivo y emocional y el contar historias, que es lo que hacía la escuela tradicionalmente y que es lo que saben hacer los maestros buenos, también es entretenido. Creo que el problema es que nos casamos con un concepto de entretenimiento, y no hay una sola forma, sino que hay múltiples formas de entretenimiento, así como hay diferentes gustos. Yo creo que esa es la parte que hay que reivindicar.